Sólo cuando estoy drogado logro entender al paraguayo cuando se pone verde el semáforo;
sólo drogado entiendo a Asunción y a su tráfico.

Sólo cuando estoy drogado logro entender la necesidad de velocidad,
el placer por los autos,
y al de al lado en un micro, como yo, enlatado.

Sólo cuando estoy drogado logro entender al cura, a su sermón.
El padre nuestro, el himno nacional, la bandera, el león;
a un jaguá cualquiera tirado al sol.

Sólo cuando estoy drogado logro entender a Dios,
entiendo al que dice: “que buena estuvo la misa”,
y entiendo a los creyentes y sus sonrisas

Sólo drogado entiendo al que viste y se ve genial,
sólo y drogado, entiendo a este animal social.

Sólo cuando estoy drogado logro entender al que dice “ahora no”,
sólo drogado logro entender a los que viven de buen humor.

Entiendo a mi familia.
A las leyes, a sus obedientes.
A los intolerantes.

Sólo cuando estoy drogado logro entender a los poetas,
sólo cuando estoy poeta logro entender a los drogados,
y a los fingidores,
y a las mujeres… mentira, eso no.

Sólo drogado logro entender a los pronosticadores del tiempo,
sólo drogado entiendo el futuro y no me aburro.

Sólo cuando estoy drogado logro entender al humo,
a mis ojos rojos, a mis lágrimas,
y a esta vida, drogadicta.

Drogado y sólo es como entiendo a dos enamorados.
Drogado, sólo, entiendo la felicidad de quienes entienden todo lo dicho.

Pero prefiero igual estar drogado, naturalmente,
como yo y como ahora.
Y ser feliz, simplemente,
como yo y como ahora.