Escala 1:1

junio 2, 2010

Visita a una obra del Arq. Javier Corvalán

Escala 1:1

Vista desde la calle (Fotografía de Salvatore Vicidomini)

Siempre quise conocer una maqueta a escala 1:1 y hoy tengo un buen motivo para sentarme y escribir algo así como una crónica

No soy poeta, pero si algo me gusta, me emociona y me posee. Por definición me convierte en un poseído, y poseído como estoy desde ayer, hoy quiero racionalizar a ese espíritu, no para matarlo, sino sólo para disfrutarlo desde el punto de vista literario y ya no desde el punto de vista del divague.

Javier habrá pensado y eso hizo, y a medida que hizo y vio que estaba bien, siguió en su hacer.

Si para construir un proyecto de arquitectura se hacen planos, maquetas, cálculos, hasta saber que se sabe hacer lo que se quiere hacer, entonces es exactamente eso lo que no ocurrió.

Dos prismas espejados, empotrados en el suelo, inclinados 45° respecto a éste, conforman el volumen y sirven en sus vértices más elevados de apoyo a la hamaca de chapa catenaria que es cobertura de la vivienda. El prisma orientado al sur y a la calle resuelve la vivienda mínima de 50 m2. Al norte el otro volumen, es entero espacio intermedio.

Una batalla entre técnica y gravedad amontona ladrillos rotos en el suelo que se reutilizan en camineros. Y es que los ladrillos, tercos, no quisieron hacer caso a la viga inclinada donde apoyan, y aunque se hayan rajado o caído siete veces, hoy con soberbia se muestran firmes sobre uno.

Constelaciones de piedras sirven de lastre y cielorraso de la hamaca enchapada que no quiere volar. Una a una, distintas rocas cuelgan de la misma red de alambres a la que se sujetan las chapas. El material más rudimentario demuestra que también puede hacer poesía.

Cuando alguien o algo congela el espacio-tiempo para trascenderlo, a falta de palabras, sólo queda sonreír. Sonrío frente a Come Together de los Beatles y al imaginarlos componer consientes de su genialidad, riendo mucho más que yo. Sonrío al ver el cielo inventar colores para atardecerse en Itá Pytá Punta. Y así sonrío frente a esta pequeñísima vivienda que para valorarla no necesito ser un extranjero.

Maduro esta experiencia y  pienso que es gente loca la que hace este mundo para cuerdos. ¿Imbéciles para hacer un mundo a quienes los desprecian? No, imbéciles bajo el juicio de los cuerdos, en realidad, y una vez más: locos.