Evolución

julio 26, 2009

Photo: Stéphane Missier

Photo: Stéphane Missier

Agustín tiene cinco. Un personaje entre los personajes de la última película animada 3D se llama “el eslabón perdido”. De aspecto muy feo, este monstruo estaba en las manos de Agustín y era inquisitivamente observado. Cuando ya alcanzó a responderse varias dudas en silencio, se dio cuenta de dos cosas: 1. le sobraban preguntas 2. le faltaban respuestas. Sólo así, salió de su mundo, me vio a su lado, y comenzó la entrevista.

Con el mayor rigor científico y con grandes esfuerzos en simplificar mi lenguaje traté de responder. ¿Porqué su muñeco tenía aspecto de mono y humano y pez? (también le pregunto a los creadores de este bicho porqué demonios tenía aspecto de pez, que tiene que ver un pez en ese punto de la cadena evolutiva, me complicaban más aún la explicación), intenté responder, ¿qué es un eslabón?, ¿porqué está perdido?, ¿qué es la evolución del hombre?, pero creo que lo mareé.

Fuimos entonces a YouTube y ahí busqué: “evolución del hombre Darwin para niños”. Parece que por fin pudo entender, animaciones mostraban como un microorganismo con suma de mutaciones simples iban complejizándose, y en cinco minutos de video, llegamos al ser humano. Tanto entendió que continuó la entrevista: ¿y cómo se creó el mundo?, y ya que estábamos busqué: “big bang para niños”. En tres minutos también lo entendió.

Me reía en mi interior al imaginarme la confusión que tenía en su cabeza. Su maestra en el Cristo Rey ya le habrá explicado que el mundo se creó en seis días y uno de descanso. Pero la evidencia ponía ahora por encima de su profesora a Darwin.

Tanto abismo mental y vértigo se tradujo en su última pregunta: ¿y qué entonces creó Dios?

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