Memoria – Alaska

abril 6, 2009

Recuerdo el día en que Alaska decidió dejar de ser.

Alaska; chiclero. Vendedor de figuritas, juguitos, pelotitas saltarinas, pegajosas, peludas, caramelos, pastillitas de colores, chicles por supuesto, y cuanto invento pueda ser vendido como juguete a mentes con altísima capacidad de asombro.

Era conocido por todos como Alaska y él conocía a todos por sus apellidos. De gran habilidad relacional, sabía hermano e hijo de quién eras y hasta imaginaba tu descendencia. Todos fueron sus clientes.

Algo lo habrá puesto a reflexionar y es así como un día, que jamás voy a olvidar, Alaska resolvió que se lo llame por su nombre y librarse así de aquel seudónimo que ni idea tenía de lo que significaba.

Su determinación sólo le trajo burlas y ante el fracaso actuó con astucia. Trabajó con las bases, con las nuevas generaciones que llegaban al San José, a ellas dirigió su evangelio y sólo ese pueblo elegido lo escuchó. Hoy todos lo llaman por su nombre que no sé cuál es y no lo voy a saber jamás.

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2 comentarios to “Memoria – Alaska”

  1. Si te hubieses tomado el tiempo de escucharlo lo sabrías al igual que yo que el querido Alaska en realidad se llama Patricio.

  2. Olga said

    jaja.. que suerte que marcelo puso el nombre… o sino no iba a poder dormir esta noche…¡

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